La antigua arena y sus habitantes

Abajo, vemos dos muestras tomadas a casi 4 kilómetros de distancia, el nódulo ferroso de la izquierda fue tomado cerca de la cima del cerro El Limon, al sur de San Carlos y la laja con la oquedad perfectamente circular estaba en el Barreto Méndez. En ambas, la matriz de limolita gruesa -ya casi una arenisca muy fina, dio cobijo a residuos biogénicos que terminaron piritizándose y al final, oxidándose en materiales ferrosos.
Esto quiere decir que n un momento determinado, hace unos 70 u 80 millones de años, todo este sector de lo que hoy es San Carlos, y quizás más allá, experimentó un evento ambiental uniforme, generando un ambiente de deposición de sedimentos de energía constante. No era el fondo marino profundo y estancado donde decantaba el chert gris durísimo. Fue un periodo de la formación Mucaria donde una corriente marina constante estabilizó un manto de arenas muy finas, limpias y bien seleccionadas, cubriendo por igual toda la cuenca.
Esa capa de arena fina y porosa se convirtió en el hogar perfecto para una comunidad de organismos cavadores de gran tamaño. Las condiciones de oxígeno y alimento eran tan similares en toda la extensión del sustrato que los animales excavaron galerías idénticas en diámetro y comportamiento.
Cuando llegó el momento de la fosildiagénesis, las soluciones ricas en hierro migraron a través de esa matriz arenosa e idéntica de la misma forma, precipitando y rellenando los túneles con la misma firma mineral que hoy analizamos, en una San Carlos calurosa, húmeda, muy diferente al clima marino de aquel entonces.


