Pescando en la noche de los tiempos

Como es habitual, en la visita a Barro Negro recogimos como medio kilo de rocas. De pequeño, solíamos ir con mi padre a la quebrada en la entrada del caserío y nos entreteníamos la tarde pescando pequeñas sardinas y algún que otro puyón con sencillos anzuelos. Por lo que era inconcebible volver con las manos vacías después de la caminata de algo más de 4 kilómetros desde la redoma del Hospital

Al revisar minuciosamente las muestras de calizas del cerro El Cocuy, un pequeño punto ambarino en una de las láminas llamó nuestra atención. Aparece en la fotografía de abajo en un pequeño recuadro verde, que hemos ampliado convenientemente. Dos pequeños objetos marcados A y B resaltan con un matiz ambarino entre la calcita.

El objeto A, bien pudiera ser un fragmento óseo con un diámetro transversal máximo de aproximadamente 1.8 a 2 mm. La nitidez revela una estructura porosa interna bien preservada, donde la recristalización en microcristales de calcita o cuarzo no borró la oquedad/foramen central (de unos 0.4 mm de luz) ni el biselado de los bordes.

Su forma irregular con escotaduras circulares y su superficie vitrificada de un hermoso matiz ambarino sugiere un fragmento de hueso neurocraneal o de la cintura escapular (cleitro/supracleitro) de un pez osteíctio (teleósteo). Los agujeros ovoidales corresponden a pasajes vasculares o nerviosos (forámines) preservados finamente en la caliza por la rápida mineralización en fosfato de calcio (apatita) en un lecho marino sin mucho oxígeno.

En la sección B, vemos lo que parece ser un diente o dentículo dérmico y su estructura basal. El elemento principal en "garra" mide aproximadamente un milímetro de largo con un grosor promedio de 0.18 a 0.2 mm, mientras el elemento “romboidal” en la parte inferior mide unos 0.25 por 0.20 mm.

La curvatura cónica suave, el contorno aguzado en el ápice y el engrosamiento en la base distal son evidentes. Se trata con altísima certeza de un diente de pez depredador o de mandíbula fina (típico de peces pelágicos cretácicos). Su contorno liso y compacto contrasta con la textura más esponjosa del hueso A.

Por su parte, la estructura romboidal inferior se percibe como una escama basal / dérmica diminuta o la placa de anclaje basal del propio diente, desprendida apenas a medio milímetro de distancia durante la decantación en el sedimento.

 

Un lecho de tesoros

La toma panorámica expone un ensamblaje tafonómico en un solo plano de laminación, además que entre la estructura A y el conjunto B hay una distancia de apenas unos 5 mm.

Se observa claramente la fábrica laminada (paralela a la orientación horizontal de los fósiles), caracterizada por la alternancia de calcita micrítica clara y finos filamentos oscuros de materia orgánica / kerógeno o grafito por efecto del epimetamorfismo regional.

La coexistencia de hueso craneal, diente y escama basal en menos de un centímetro cuadrado de superficie confirma un nivel condensado de restos. A estos pequeños fósiles de pez o partes petrificadas de ellos, generalmente de tamaño micro o macroscópico, como escamas, dientes, espinas caudales o dentículos dérmicos, se les denomina ictiolitos. En este caso, indicarían la caída y desarticulación in situ de los restos de un pequeño pez en un ambiente pelágico de muy baja energía, sin corrientes que dispersaran los fragmentos ni bioturbadores que los destruyeran.  

Etimológicamente, la palabra ictiolito proviene del griego ichthýs (pez) y líthos (piedra). Debido a su composición química, como estos compuestos de fosfato de calcio o apatita, son elementos química y físicamente resistentes a la disolución en los sedimentos a lo largo del tiempo geológico. Gracias a ello, se conservan con éxito en entornos hostiles donde otros fósiles se destruyen, tales como arcillas rojas de mar profundo, carbonatos de arrecifes de coral y sedimentos ricos en silicatos, resistiendo incluso a las terribles presiones y temperaturas que metamorfosearon en diversos grados las capas de sedimentos de las formaciones Mapuey y Mucaria, en el Cretácico Superior, hace unos 85 a 90 millones de años.

La vida es curiosa. Tanto en lo espiritual, como en lo material y sus formas de entretejerse. Cuando niño, iba con mi padre a buscar pequeños peces a las orillas de un cerro donde casi 50 años después me encuentro con los restos de un pequeño pez que nadó en los mares del cretácico, cuando el continente temblaba con los pasos de los dinosaurios.