Breve historia del Tirgua

Esta es una vista panorámica del noroeste de San Carlos desde el cerro San Juan, abarcando aproximadamente desde Puerto Escondido a Los Motores, aunque claramente se distinguen a la dercha las dos prominencias de los cerros Barreto Méndez y La Misión. La foto es vieja, en abril de hace 15 años estaba mucho más verde San Carlos.

Al centro, discurre tranquilo, el protagonista de esta historia, el sancarleño por antonomasia, el Tirgua, cuyas aguas alimentan a la región y son la cuenca central –hoy en grave riesgo, que da vida a casi todo el estado.

Hace 90 a 45 millones de años, cuando las rocas de esos dos cerros famosos se formaban grano a grano, el río no existía, ni siquiera la región con su forma actual. Es el rango temporal del Cretácico al Paleoceno/Eoceno en el que se generaron las formaciones Mucaria y Guárico. Toda la zona que hoy ocupa San Carlos y el norte de Cojedes se encontraba sumergida bajo una cuenca marina profunda -la cuenca de antepaís. Es en este ambiente marino donde se depositan las densas capas de sedimentos turbidíticos que darán origen a las facies de flysch antiguo, primero las lutitas y el chert de la Formación Mucaria y luego, con fuerza, las grauvacas y lutitas oscuras de la Formación Guárico. Estas rocas se compactaron y endurecieron bajo el mar, preparándose para ser el futuro obstáculo del río.

Hace 30 a 12 millones de años, en el período comprendido entre el Oligoceno al Mioceno Medio, la placa del Caribe se desplaza hacia el este, chocando oblicuamente con la placa Sudamericana. Este impacto tectónico masivo pliega, deforma e inicia el levantamiento de la Cordillera de la Costa (incluyendo el Macizo de Nirgua, donde nace el Tirgua). Al emerger las primeras cumbres de rocas metamórficas, el agua de lluvia empieza a organizarse en escorrentías. Nace un "proto-Tirgua", una red de torrentes primitivos que drenan hacia el sur, arrastrando los primeros sedimentos de meteorización de las zonas altas.

En el Plioceno al Pleistoceno Temprano, hace 4.5 a 1.2 millones de años, el levantamiento montañoso se acelera: El Tirgua ya es un río definido con un volumen considerable, que al bajar hacia el sur con dirección a la gran llanura, se topa de frente con el frente de corrimiento montañoso: los bloques elevados y duros de grauvaca de la Formación Guárico que lo frenan a la altura de lo que hoy es El Paso de la Negra y Puerto Escondido. El río no tiene la energía suficiente para cortar verticalmente semejante muralla compacta y evita correr por lo que es el casco central actual de San Carlos (aunque en ocasiones, en fuertes crecidas, llegó a desbordarse).

Es exactamente en este periodo (hace unos 1.8 a 1.5 millones de años) cuando el río se ve obligado a desviarse de forma abrupta hacia el este, buscando las zonas de falla y debilidad estructural cerca del Puente de Los Colorados para lograr romper el frente rocoso y escapar hacia el sur hacia donde se ubica hoy La Medinera, donde aún flanqueado por leves serranías, se verá empujado hacia el sur, a Caño Hondo. Su ruta actual quedó sellada en este instante.

Curiosamente, durante las últimas glaciaciones, entre 100 y 10 mil años atrás, el clima de la región de Cojedes alternaba entre periodos de extrema aridez y fases de lluvias torrenciales monzónicas. Al no haber una capa vegetal densa en las montañas debido al frío y la sequedad, las lluvias torrenciales lavaban el Macizo de Nirgua, arrastrando colosales volúmenes de detritos y cantos rodados ricos en feldespatos multicolores. El Tirgua entra en una fase de "río trenzado", ensanchándose y dividiéndose en múltiples brazos inestables que inundaban lo que hoy es la zona urbana de San Carlos.

Por eso, en inviernos fuertes, el río ha buscado ese antiguo dominio, con historias de abuelos de sus aguas llegando a la Plaza Bolívar y corriendo libremente por las calles Manrique y Silva.

Por eso también, toda zanja lo suficientemente honda llegará a esa capa gruesa de “arena lavada” de su época de río trenzado, y cua lquiera pensará que era un río diferente que ya no existe pero no, era nuestro viejo amigo, que, en tiempos exuberantes, se extendía en una especie de delta interior con ramales que iban y venían a su curso central, siendo la última vez que fue un torrente poderoso y febril. Desde entonces, todo lo que el Tirgua y su cuenca han hecho es rellenar con cantos y sedimentos el suelo sobre el que hoy caminamos.

Al paso de la negra...
Río Tirgua - El paso de la negra