Cerro Bonito

Una de mis primeras excursiones por el pasado remoto, no podía ser de otra forma, fue en el cerro Barreto Méndez, o Cerro Bonito, como se le ha conocido en los últimos años. Ubicado en el conocido y tradicional complejo deportivo al norte de San Carlos y destino favorecido de centenares de caminantes y trotones, esta marcada elevación que se acompaña con el cerro del tanque y el cerro La Misión, es uno de los más conspicuos representantes de la Formación Mucaria en San Carlos.
Aquí encontramos prácticamente toda la escala, desde unas arcillitas frágiles, que se deshacen como hojaldre en las manos, pasando por variedades de lutita desde las hermosas y coloridas con dendritas y anillos de Liesensang, a las azules y grises que ya van deviniendo en filitas, y reinando en bloques abruptos, el infaltable chert, que aparece en tonalidades rojizas y blancas, fruto de la extrema lixiviación a lo largo de millones de años de exposición a la lluvia y el sol, de la sabana circundante.
Aquí he encontrado piezas hermosas, con mucha historia en lo geológico, pero hasta ahora, poco o ningún resto de vida pasada. Mucaria se formó en el fondo de un mar profundo, donde la biota era escasa y más escasa aún la posibilidad de algo que sobreviviese a sus complejos procesos. Sin embargo, aquí y allá, el microscopio muestra trazas inobjetables de algún anélido, algún invertebrado que cavó su camino a casa o hurgó en el fondo limoso en busca de su precario alimento cuando en la superficie, los dinosaurios hacían trepidar el suelo con sus pasos.








