El hueso de los cerros

La presencia del chert o pedernal y de las limolitas chérticas en la Formación Mucaria es uno de sus rasgos más fascinantes y selectos. Mientras que las capas ocres y friables nos hablan de un fango cercano a los continentes, el chert representa el triunfo de la química pura y de la micro-vida oceánica silícea en las zonas más profundas y tranquilas de aquella cuenca del Cretácico Superior.

Para entender este material —que dicta la rigidez de la roca, hay que desglosarlo desde su origen microscópico hasta su comportamiento físico a gran escala.

El chert de la Formación Mucaria no es una roca hecha de granos de arena compactados, sino que es una roca sedimentaria biogénica y bioquímica microcristalina o criptocristalina. Está compuesta casi en su totalidad por sílice (SiO2), principalmente en forma de cuarzo microscópico y calcedonia.

Su nacimiento se debe a una lluvia incesante de esqueletos de organismos microscópicos que flotaban en el mar cretácico, principalmente radiolarios y diatomeas. Al morir, sus caparazones de sílice opalina caían al fondo marino profundo, acumulándose como un fango espeso y gelatinoso.

Durante la diagénesis (el entierro y compactación), ese ópalo inestable comenzó a disolverse en el agua porosa. Ante los cambios de presión, la sílice volvió a precipitar, pero esta vez rellenando absolutamente todos los huecos, convirtiéndose en una masa sólida, densa y dura que borró casi cualquier rastro de los poros originales.

Este es el material grisáceo que se extraía o se extrae de la cantera en El Limón y que aparece en franjas en Barreto Méndez y Pan de Trigo.

Su color oscuro que va de ocre-verdoso a negro se debe a micro-inclusiones de materia orgánica atrapada en el fondo anóxico (sin oxígeno). Al tacto es frío, extremadamente duro (raya el acero) y su fractura es concoidea perfecta: se rompe con bordes tan afilados como navajas, idéntico a la obsidiana o al vidrio.

Las primas suaves

Las limolitas chérticas son el término medio. No son sílice pura como el chert, pero tampoco son fango blando. Son rocas donde se mezcló el aporte de la tierra (granos de cuarzo de tamaño limo) con esa matriz de sílice química que acabamos de describir.

Aquí, la sílice actuó como un cemento absoluto. Inundó la limolita y "soldó" los granos de limo. Eso, es exactamente lo que genera esa textura que podemos asociar al concreto competente a las rocas de El Limón. Pierden por completo la capacidad de laminarse finamente (fisilidad) porque la sílice cementante amarra la roca en todas las direcciones tridimensionales. Por eso, al golpearlas, se quiebran en bloques angulares, astillándose y soltando ese polvo fino cuarzoso tan característico.

Al observar estas limolitas chérticas blancuzcas de El Limón al microscopio revelan por entero su naturaleza. La mayor parte de la imagen está dominada por una matriz densa, pastosa y blanquecina-grisácea. No hay espacios vacíos ni porosidad abierta visible; todo ha sido sellado en una silicificación masiva. El cuarzo microcristalino o calcedonia invadió cada rincón del fango original, actuando como un aglutinante implacable. Es exactamente el mismo principio que el cemento Portland en el hormigón, que une los granos de forma tan cohesiva que la roca pierde elasticidad y gana esa dureza extrema.

La granulometría de la roca, entre los 0.05 y 0.1 mm yace exactamente en el rango de los limos gruesos transicionando a arenas muy finas. Al ser granos angulares e irregulares, se traban mecánicamente entre sí, aumentando la resistencia tectónica del estrato.

A diferencia de las lutitas y limolitas ocres, el chert y las limolitas chérticas son químicamente inertes ante el agua de lluvia. No se oxidan (porque apenas tienen hierro) y no se disuelven con ácidos débiles como los nitrogenados que arrastra la lluvia. Esta resistencia es la responsable de esas franjas prominentes, escarpadas y afiladas. Son los huesos de la montaña; si el cerro sigue en pie y no ha sido aplanado por la erosión llanera, es gracias al escudo que imponen estas capas chérticas.

El lienzo de la Tectónica

Al ser rocas tan rígidas y quebradizas, el chert no sabe doblarse de forma flexible. Cuando las fallas de la región de Cojedes empujaron los estratos hasta ponerlos perpendiculares, el chert respondió rompiéndose. Por eso, en las zonas donde el chert abunda, el afloramiento se convierte en un intrincado mosaico de micro-fracturas rellenas a veces de calcita secundaria o cuarzo blanco, registrando como un sismógrafo de piedra cada empuje de la corteza.

El chert pardo y las limolitas silíceas son, en esencia, el archivo de la máxima madurez del mar de Mucaria, un monumento petrificado al festín de los radiolarios del Cretácico. Es curioso al menos, que, habiendo sido lodo y pacíficos microorganismos, hoy se extraiga con brutales maquinarias para sostener puentes, carreteras y los mismos cimientos de nuestras ciudades.