Huellas de vida

En realidad desconozco su nombre, le he llamado cerro El Limón porque queda en ese sector, al sur de San Carlos, justo a la entrada de la autopista José Antonio Páez. He ido un par de veces y en verdad a pesar de su sencillez, tiene una característica que lo hace inagotable y es que, en su momento, esta enorme acumulación de sedimentos del Cretácico superior fue usado como cantera y una de sus laderas fue debastada con explosivos y maquinería para extraer el precioso chert usado como agregado, quizás en la construcción de la propia autopista.
Es también, con sus 186 metros, el segundo punto más elevado en los alrededores inmediatos de San Carlos, solo superado por los 200 metros del Barreto Méndez.
A diferencia del Barreto Méndez, aquí las lutitas suaves y cremosas no son la mayoría sino una lutita ocre mucho más competente y dura, así como grandes losas lenticulares de chert como la que se aprecia en una de las fotografías. Este tipo de concreción es bastante particular de la formación Mucaria con una forma que, que Franco Urbani en la monografía Modernización de Datos Geológicos del Frente de Montaña de 2020, ha descrito como “arriñonadas”, y es un chert que va de negro a pardo rojizo, dependiendo de la meteorización, siendo extremadamente duro y con abundantes turbaciones de origen biótico y sedimentario en su superficie.
Específicamente, este cerro se ubica en la secuencia KsM-III de Urbani, que el caracteriza como “nivel pelítico-silíceo-calcáreo”, compuesto por limolitas silíceas con estratos de limolitas chérticas, chert o ftanita y un menor número de franjas de limolitas calcáreas o con olistolitos de caliza.
Las limolitas silíceas en si son similares a las que se alternan con las lutitas de Barreto Méndez y Pan de Trigo, pero en estos últimos lugares, más al norte de San Carlos, la secuencia parece ser la que Urbani denomina KsM-IV, donde son extremadamente duras, convirtiéndose en lo que llamaríamos limolitas chérticas o areniscas finas muy duras que meteorizan en colores claros desde el pardo hasta el blanco puro.
Volviendo a El Limón, debemos también decir que nos ofrece una vista poco frecuente de San Carlos. Está elevación es ligeramente más prominente que el Barreto Mendez y al estar al sur, muestra la ciudad con tonos más verdes y menos techos rojos y laminados, casi como fantasmal en medio de verdor, con el arco de montañas del Parque Nacional Tirgua al fondo.
Huellas del cretaceo
Aquí los hallazgos más prominentes hasta la fecha son pequeños nodulos o concreciones ferrosas que son testimonio de actividad biológica ancestral, bien sea algún resto de animal o planta que fue consumido por bacterias en el fondo del mar de Mucaria o espacios donde la actividad biológica de pequeños seres reptantes dejo alimento para ellas.
En estos alveolos, hay pequeñas masas de forma esferoidal u ovoide, compactas y de un color marrón rojizo oxidado muy localizado. Su forma geométrica tan regular e independiente de la laminación de la lutita circundante confirma que son estructuras autigénicas; es decir, crecieron in situ dentro del sedimento blando antes de que este se compactara por completo y se convirtiera en piedra.
Si no se rompe por entero, como en uno de los ejemplos que están abajo, se observa la concavidad que completa el nódulo. Este "hueco" o impresión muestra una superficie interna relativamente lisa y cóncava. Esto ocurre porque el nódulo es significativamente más duro y denso que la lutita grisácea/crema que lo rodea. Cuando la roca madre sufre un esfuerzo mecánico (como un martillazo o la meteorización natural), la fractura viaja por la zona de menor resistencia, que es justamente el plano de contacto entre la matriz arcillosa y la masa ferrosa, haciendo que el nódulo "salte" limpiamente de su cuna.
En este ejemplo en particular, el nódulo tiene cerca de 1 cm y su morfología tan simétrica, hace que la balanza se incline con mucha fuerza hacia una estructura de origen biogénico indirecto, específicamente un icnofósil relleno (como una madriguera o galería mineralizada).
Además, al observar la textura rugosa de la matriz justo en el borde de la concavidad, se hace evidente que estamos en el límite transicional entre una limolita gruesa y una arenisca fina (de grano fino a muy fino). Ese empaquetamiento granular es el que permitió que los fluidos cargados de hierro circularan y crearan el nódulo.
Al verlo en una visión más ampliada, vemos que el cuerpo central del nódulo exhibe una textura rugosa, densa y de tonos marrones muy oscuros, casi negros en su base, con destellos cristalinos internos. Este es el enjambre de micro-cristales de hierro. Sin embargo, al estar empotrado, se nota cómo su crecimiento no fue libre y tuvo que expandirse ejerciendo una tremenda presión mecánica contra las paredes de la roca que lo rodeaba.
Rodeando inmediatamente al nódulo oscuro, la matriz blanquecina se tiñe de un color ocre, canela y anaranjado muy vivo. Esto es un fenómeno diagenético hermoso: cuando el hierro comenzó a concentrarse en ese punto, actuó como un imán químico, "succionando" los elementos ferrosos de la limolita circundante. Esa franja ocre es la zona de transferencia, el rastro del fluido que viajó por los poros para alimentar el crecimiento del nódulo.
En los ambientes marinos profundos o de plataforma que dieron origen a la Formación Mucaria durante el Cretácico, el fango del fondo estaba habitado por pequeños organismos vermiformes (gusanos marinos) u otros invertebrados cavadores. Estos organismos excavaban túneles microscópicos o milimétricos para alimentarse o protegerse. Al hacerlo, revestían las paredes de la galería con moco orgánico.
Tras la muerte del organismo o el abandono de la galería, ese tubo lleno de materia orgánica concentrada se convirtió en un reactor químico. Las bacterias reductoras de sulfato se dieron un festín allí, alterando el microambiente local y precipitando sulfuros de hierro (pirita como la que se aprecia en los icnofosiles de la formación Guárico) exclusivamente dentro del espacio del túnel.
Con el paso de las eras geológicas y la exposición al oxígeno superficial, esa sección transversal de la galería (el cilindro o esfera de hierro) se oxidó a limonita/goethita, legándonos este nódulo perfecto de 1 cm que hoy desencaja de su molde.
En mi segunda visita a este sitio, encontré varios nódulos más, que se analizan en otra nota.
Zona de transición
En la sedimentología de la Formación Mucaria, las lutitas o limolitas suelen ser originalmente grises u oscuras debido a su contenido de arcilla, carbono orgánico y pirita microscópica diseminada. Que exista una capa predominantemente amarillenta —mientras que las capas adyacentes conservan otros tonos, nos indica un escenario muy probable.
Durante el Cretácico, ese estrato específico representó un período donde el fondo marino recibió un aporte mayor de materia orgánica o experimentó una tasa de sedimentación más lenta. Esto permitió que los organismos excavadores pasaran más tiempo procesando ese fango exacto, multiplicando las galerías y la actividad bacteriana que mencionamos antes. Había más "combustible" biológico, por lo que se formaron más nódulos allí que en el resto del afloramiento.



